miércoles, 9 de mayo de 2018

TREN AL SUR, CAPÍTULO 7: ERNESTO JODOS Y MARIANO LOIÁCONO QUINTET



El primer encuentro con la escena del jazz en Argentina ocurre justo en la noche de mi llegada a Buenos Aires. Un oportuno mensaje del maestro Ernesto Jodos me lleva al club Thelonious, en el hermoso barrio de Palermo, donde se presentará el quinteto del trompetista Mariano Loiácono, junto a su hermano Sebastián en el saxo tenor, Jerónimo Carmona en contrabajo, Eloy Michelini en batería y el propio Ernesto en piano.

Fue una noche mágica, descubriendo una música perfectamente ejecutada, inventiva y original dentro de los postulados del Post Bop. Mariano tiene un control del sonido extraordinario y el interplay del quinteto es notable.

Una vez disfrutado el concierto pude charlar brevemente con Ernesto Jodos, uno de los indiscutibles protagonistas de la escena porteña de las últimas dos décadas. El programa de hoy da registro de ello y espero que lo disfruten.























                                                                                                                                                                                                                       Mariano Loiácono






                                   Ernesto Jodos








sábado, 5 de mayo de 2018

TREN AL SUR, LA COLUMNA


POESIA EN SANTIAGO
Oscar Javier Martínez/Especial


Todo es epidermis.
Nada construimos
sin el tacto.
Rodrigo Rojas

Voy camino a encontrarme con la edición 44 de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires; pero antes de ello hago la primera parada de este viaje al Sur en Santiago de Chile, la ciudad de nacimiento de Ludwig Zeller, ese enorme y singular poeta que comenzó su periplo literario en estas calles, animando la vida cultural entre los años sesenta y setenta con su compañera Susana Wald y el proyecto Casa de la Luna. Poco antes del golpe militar encabezado por Pinochet la pareja emprende el camino del exilio, primero a Toronto y luego a Oaxaca, donde construyeron su casa y siguieron escribiendo, pintando, traduciendo y editando.

De soñar Santiago a través de los recuerdos de Ludwig y Susana, ahora de verdad estoy aquí, caminando sus calles y encontrándome con un país en plena transformación, con una actividad cultural muy potente y con algunos de los personajes más importantes de la poesía chilena actual. Sin proponérmelo, he llegado justo en los días en que se lleva a cabo el Primer Festival Internacional de Poesía Santiago, que convoca a cien poetas de treinta países en veintidós recitales que se han llevado a cabo en lugares tan diversos como la Biblioteca Nacional, la embajada de Perú, distintas universidades y colegios así como en penitenciarías, mercados, bares, cafés y plazas. El poeta peruano Javier Llaxacóndor es el director de este festival, auspiciado por instituciones del gobierno chileno y foráneas.

El festival me permite escuchar a poetas de China, India, Benin, Cataluña, Australia y por supuesto Chile. Entre ellos destaca la figura de Manuel Silva Acevedo, uno de los mitos vivientes del país, ganador del Premio Nacional de Literatura en el año 2016 y con una obra reconocida a nivel internacional. Junto a poetas de este calado se encuentra un puñado de jóvenes que desde la experimentación y el cruce entre disciplinas representan el lado más alternativo de la poesía local. Pablo Fante, participa también en el Festival; él es miembro fundador de la Orquesta de Poetas, un colectivo que desde 2011 realizan poesía sonora y experimental y al que pertenecen también los poetas y músicos Federico Eisner, Felipe Cussen, Marcela Parra, José Burdiles y Fernando Pérez Villalón. La Orquesta de Poetas estuvo en 2017 en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca presentando un espectáculo de homenaje a Ludwig Zeller, Rosamel del Valle y Humberto Díaz Casanueva.

En la Orquesta de Poetas confluyen artistas que desarrollan su trabajo en otros campos. Pablo Fante es productor musical y audiovisual en Estudios Banana, además de editar sus propios libros. En su juventud, por cierto, antes de irse a Francia a doctorarse en literatura, formo parte de la banda de Heavy Metal Six Magics, con quienes grabó un demo. La banda después se convirtió en una de las más relevantes agrupaciones del género, con presencia internacional muy importante. Federico Eisner es el director del Festival Poesía y Música, que celebrará su tercera edición el próximo septiembre. Marcela Parra es una destacara cantante, compositora e instrumentista que desarrolla su trabajo en distintas vertientes, como el trío punk Clarens, con quienes ha editado el disco Pornoamateur.

Gonzáles y Los Asistentes es otro grupo que combina la poesía con el rock. Formado en 1997 por Gonzalo Henríquez –hermano menor de Álvaro, cantante y guitarrista de la popular banda Los Tres- este colectivo ha editado varios discos. En 2011 lanzaron Desiertos de Amor, una abrasiva colaboración con Raúl Zurita, leyenda viviente de la poesía chilena.

Finalmente, destaca el trabajo de dos editoriales cuyas propuestas representan la diversidad del panorama de las letras en Chile. Cuarto Propio, fundada en 1984 y que se inspira en el manifiesto feminista de Virginia Woolf, creada para dar salida al pensamiento crítico vetado durante la dictadura. Mas joven y experimental es la editorial Libros del Pez espiral, animada por Daniel Madrid y un equipo de poetas, editores y artistas visuales que se declaran: haciendo los libros que nos gustan, buscando que cada uno de ellos se transforme en un objeto único. Mantenemos una línea de trabajo consciente de las potencialidades estéticas del libro como objeto, una línea en espiral.

Este es apenas un atisbo de la bulliciosa escena de la poesía chilena contemporánea. Por ahora toca despedirse de esta hermosa ciudad, que poco a poco va poniéndose a cuenta con su pasado y construyendo una nueva historia

jueves, 3 de mayo de 2018

TREN AL SUR, LA COLUMNA


Con esta entrega comienzo a publicar en el suplemento Cronos del diario una serie de crónicas sobre el viaje al sur y el encuentro con geografías, momentos y personas.


LA MÚSICA DEL RÍO DE LA PLATA


En 1989 la República Argentina vivió un año convulso. El gobierno de Raúl Alfonsín -que había liderado la vuelta a la democracia después de años de dictadura atroz- se tambaleaba. Una gravísima crisis económica aunada a un creciente descontento social precipitaron los acontecimientos para que el presidente entregara su mandato siete meses antes de lo previsto al ganador de las elecciones, el peronista Carlos Menem. No era un buen año para andar de fiesta; ese año el país sufrió una brutal sequía que provocó una crisis en el suministro de energía eléctrica. Para rematar, el ex campeón mundial de los pesos medios y mito viviente, Carlos Monzón, es condenado a once años de cárcel por el asesinato de su esposa.

Al parecer se apagaba aquello de “La alegría no es sólo brasilera” que cantaba Charly García y comenzaba la época que la banda porteña La Bersuit Vergarabat sentenciaría años después con su canción Señor Cobranza: los demócratas de mierda/ y los forros pacifistas/ todos narcos.

Pero nada de eso sabía yo, que estaba en la plenitud de mis 15 años y descubriendo el mundo. A esa edad cada hallazgo vale oro, se impregna en el alma y se vuelve parte de la vida y de la personalidad. Son las cosas que descubrimos en la adolescencia las que marcarán nuestra visión del mundo. Para el adolescente que yo fui, 1989 fue el año en que la locura y la oscuridad del mundo tomaron forma y rostro a través de las canciones de un gran intérprete, Juan Carlo Baglietto.
 
Baglietto había formado parte de la llamada Trova Rosarina, junto a otros artistas, grandes músicos y compositores como Fabián Gallardo, Rubén Goldín, Jorge Fandermole y un jovencísimo pianista llamado Fito Páez. Con su disco debut, Tiempos difíciles, de 1983, pone en el imaginario colectivo canciones que se volverían parte del folclor popular de la juventud argentina, jalonada entre un gobierno militar que ejercía la desaparición forzada y la guerra de las Malvinas. Ya para 1989 Juan Carlos Baglietto se había consolidado con 5 discos editados, y aquel flacucho pianista llamado Fito Páez era una estrella del rock, luego de haber formado parte de la banda de Charly García y haber editado cuatro discos excepcionales.

Sin embargo, de este lado del mundo la música nos llegaba a cuenta gotas. El rock comenzaba a asomarse tímidamente por la televisión y los sellos discográficos. Las nóveles bandas ya podían ser tocadas en la radio y de esta manera nace una corriente englobada bajo el slogan “Rock en tu idioma” que con el paso de los años recogió en el mismo saco propuestas nacionales muy diversas como Caifanes, Fobia, Ritmo Peligroso y Neón, junto a bandas venidas de España (Toreros Muertos, Radio Futura, Hombres G) y también de Argentina; éstas sin duda con mayor penetración entre la juventud de entonces. Soda Stereo, Miguel Mateos, Enanitos Verdes y GIT fueron algunas de ellas.

Gracias a un buen amigo de la secundaria yo había descubierto a algunas de estas bandas y por supuesto que bailoteaba cantando como un poseso ¡Dí nene nene qué vas a hacer cuando seas grande! al tiempo que me dejaba seducir por la oscuridad de “Mátenme porque me muero”. Sin embargo, aún no había poesía ni música que hiciera sangrar mi corazón.

Hasta que llegó Baglietto y su puñado de canciones.

En 1989 conocí el “Jardín del arte” un espacio de libre expresión donde artesanos, hippies, roqueros, bohemios, trovadores, poetas y curiosos se reunían los fines de semana. Antonia Labastida es el nombre oficial de ese espacio ubicado en la calle de Abasolo, colindante con Macedonio Alcalá, ésta última apenas unos años antes había sido habilitada como peatonal y con el paso del tiempo se convertiría en el corredor turístico que articula hasta hoy el downtown local, visitado por cientos de miles cada temporada. Fue ahí, en el Jardín Labastida donde conocí a amigos que daban vida a la muy modesta actividad cultural y artística de aquél entonces. Con el paso del tiempo yo también me integré al colectivo, vendiendo cassettes grabados con música de jazz. En algún momento llegó al jardín un personaje muy singular: Polo, un artista que hacía pinturas en aerosol con paisajes cósmicos, imágenes muy logradas de planetas desolados alumbrados por lunas gigantes, o explosiones solares bañadas de luz enceguecedora. Polo se volvió una estrella del arte callejero ya que pintaba ahí mismo y era muy impresionante verlo manipular sus botes de spray con maestría y luego encender una llama gigantesca para el secado de la obra recién hecha.

Polo también vendía cassettes, y lo que al principio me pareció una preocupante competencia luego se transformó en una profunda amistad. Me di cuenta que él no vendía jazz, pero a cambio tenía una enorme colección de discos de rock que poco a poco me fue rolando (por cierto, el Jardín Labastida fue para mi también todo un descubrimiento lingüístico, pues ahí me convertí en carnal e hice carnales; la afirmación más socorrida era cámara, ya vas, y nuestra mayor expresión de desacuerdo era un sonoro chale). En el transcurso de nuestras charlas un día descubrió que me gustaba Soda Stereo y me dijo muy solemne: “Carnalito, aún no has escuchado la neta del planeta de los roleros argentinos. Toma, máscate ésta” y puso en mis manos una copia en cassette de Tiempos Difíciles de Juan Carlos Baglietto. Cuando llegué a mi cuarto encendí la grabadora, puse play y esto fue lo primero que escuché:

¿Sabes, hermano, lo triste que estoy?
Se me ha hecho vuelo de trinos y sangre la voz,
se me ha hecho pedazos mi sueño mejor,
se ha muerto mi niño, mi niño, hermano.

No pudo llenarse la boca de voz,
apenas vacío el vientre de mi dulce amor,
enorme y azul la vida se le dio y no pudo tomarla,
no pudo tomarla de tan pequeño. 

Yo le había hecho una blanca canción
del amor entre una nube y un pez volador;
lo soñé corriendo, abrigado en sudor,
las mejillas llenas, la mejillas llenas de sol y dulzor.

No busques, hermano, el camino mejor,
que ya tengo el alma muda de pedirle a Dios.
¿Que hacemos ahora, mi dulzura y yo,
con dos pechos llenos, con dos pechos llenos de leche y dolor?

Estamos pensando, seria mejor, el marcharnos tres,
el marcharnos tres...que quedarnos dos...

Era en abril el ritmo tibio de mi chiquito que danzaba.
Dentro del vientre un prado en flor era su lecho
y el ombligo,
y el ombligo el sol... 

Cuando sonó el último acorde de las guitarras y se apagaron las armonías vocales de Baglietto y la cantante Silvina Garré yo lloraba sin control. Una pena hondísima cubría mi corazón y me daba cuenta, en medio del dolor, que aquellos versos no sólo eran la dolorosa elegía por una pérdida; eran también fiel reflejo del desamparo que todo adolescente siente al abrir los ojos a este mundo loco y canalla.

Una a una fueron sonando las canciones que, supe después, habían sido compuestas por los miembros de la trova rosarina. la última de ellas, compuesta por Fito Páez a los 16 años me cimbró como ninguna otra antes. Aún puedo recordar esas lágrimas, los rumores de la ciudad y la quietud de mi habitación:

La vida es una moneda,
quien la rebusca la tiene.
Ojo que hablo de monedas
y no de gruesos billetes.

Mi vida es una hoja en blanco,
un piano desafinado,
diez dedos largos y flacos
y un manojo de palabras.

Sólo se trata de vivir,
esa es la historia.
Con la sonrisa en el ojal,
con la idiotez y la cordura
De todos los días.
A lo mejor resulta bien.

Así fue como estas canciones, nacidas en el Río de la Plata, abrieron un horizonte nuevo y en gran medida moldearon una parte de mi. Hoy que tengo la oportunidad de conocer esas tierras y su gente voy en busca de nuevas historias pero también quiero recorrer los paisajes con la mirada de ese adolescente que lloró una noche con los versos de Juan Carlos Baglietto.

martes, 1 de mayo de 2018

TREN AL SUR CAPÍTULO 6 - INTERNATIONAL JAZZ DAY


Hacemos un paréntesis mientras viajamos hacia el sur para mostrarles parte de las celebraciones que por el Día Internacional del Jazz se llevaron a cabo en la Ciudad de México. Se trata del ciclo de actividades organizadas por el Festival Neuma y de las cuales pudimos presenciar las que se llevaron a cabo el domingo 29 en el Centro Cultural El Rule y el Corredor Madero.

Aquí les dejamos una pequeña muestra, con actuaciones musicales del Remi Álvarez Trío y del Jahaziel Arrocha Trío.

Como complemento escucharemos una pequeña selección de jazz chileno, antes de hacer una inmersión en la escena musical de Santiago.




                                                                                        Remi Álvarez Trío



                                 Jahaziel Arrocha Trío





domingo, 29 de abril de 2018

TREN AL SUR, CAPÍTULO 5: JAZZ ARGENTINO ENTRE DOS SIGLOS



En el quinto episodio de Tren al Sur escucharemos música de los jazzistas que condujeron la escena argentina hacia su plena internacionalización, apoyados por nuevas maneras de enseñanza y aprendizaje, el desarrollo y abaratamiento de nuevas tecnologías y sobre todo la posibilidad de interconectarse con el mundo, haciendo de su quehacer una terra franca. Estos músicos ahora se sitúan como la generación que marca los derroteros del jazz de Argentina.

Estamos hablando de artistas como Ernesto Jodos, pianista; Guillermo Bazzola, guitarrista; Sergio Verdinelli, baterista, así como los saxofonistas Rodrigo Domínguez y Luis Nacht.

Ellos son sólo la punta de lanza de un movimiento musical muy rico, el cual conoceremos de primerísima mano en las próximas emisiones de este Tren al Sur.