domingo, 7 de febrero de 2010

MI COLUMNA SEMANAL


SONORA PARED

CONTRA TODOS LOS MALES DE ESTE MUNDO,

LA MÚSICA DE LUIS ALBERTO SPINETTA



“Si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro.

He de gritarle a los vientos hasta reventar,

aunque solo quede tiempo en mi lugar.

Si quiero me toco el alma,

pues mi carne ya no es nada.

He de fusionar mi resto con el despertar,

aunque se pudra mi boca por callar.

Ya lo estoy queriendo,

ya me estoy volviendo canción,

barro tal vez...

Y es que esta es mi corteza donde el hacha golpeará,

donde el río secará para callar…”


Luis Alberto Spinetta comenzó muy jovencito su carrera en Argentina, por allá de los primeros años 60. Su primer grupo importante fue “Almendra”, con quien grabó su primera rola en 1968. Luego vendría poco a poco una evolución constante hasta consolidarse como un creador de universos inquietantes e increíblemente hermosos. Porque lo que ha hecho Spinetta es combinar su genialidad musical con un discurso poético único en la historia del rock en español.


Luego de Almendra vendría Pescado Rabioso, un Power Trío con las guitarras a tope y el blues en la garganta; después “el flaco” –como también se le conoce- incursionó en la fusión del jazz y el rock con sus grupos “Invisible” y “Spinetta Jade”, además de que al paralelo hacía discos solistas de belleza única. Su grupo más reciente fue “Los socios del Desierto”. Doblando el siglo, Spinetta consolida su sonido con una banda que incluye al tecladista Claudio Cardone, la bajista Nerina Nicotra y el baterista Sergio Verdinelli. En su nuevo disco, titulado “Un mañana”, el artista vuelve a sus grandes temas: el amor, la muerte, la amistad, la trascendencia del Espíritu. Todo ello a través de canciones que son perlas incandescentes bajo un cielo nuboso, pequeñas estructuras que tienen una belleza casi mineral, que son electricidad llena de vida.


Hablamos de 40 años de carrera y un montón de discos, Pero sobre todo, de una manera enteramente personal de hacer música. Luis Alberto no ha necesitado colocar hits en la radio, creo que nunca ha sido número uno en las listas y la verdad eso importa poco, concedo que su música no es superficial, y creo que esa es su mejor virtud, pues nos ha mostrado que el rock puede ser también una forma de arte mayor y muy profunda. Y sin embargo también tiene tonadas pegajosas y un extraordinario sentido del humor que permea en su vasta obra.


Es cierto, Spinetta nunca ha sido un hombre de hits, pero entonces, ¿cómo explicarse su enorme éxito? A pesar de las fluctuaciones del mercado del rock varias generaciones aman y demandan su música, esa música que habla de niños que escriben en el cielo, de hombres que no consiguen dar sombra, de muchachas de ojos de papel, de bengalas perdidas, de almas de diamante, es decir, de que todas las cosas y todos los hombres tienen música. Esa es la esencia del arte del flaco, que en una de sus canciones más recientes escribre:


“Vamos a buscar al enorme dragón

a su morada entre las ruinas de oro.

La noche nos guía, el sol se asomará y al volverse

lo obligaremos a dar su corazón, a dar el antídoto

contra todos los males de este mundo...

Vamos a buscar aquel viejo tiburón

a las profundidades del mar de la sangre.

La marea misma nos guiara, y al cambiar

lo obligaremos a dar su dirección,

a dar en antídoto contra todos los males que hay aquí.

Vamos en procura de un genio tirador que pruebe con nosotros

o busquemos la forma de algo que nos cure la preocupación,

algo que nos sirva contra todos los males de este mundo.”


La personalidad y el genio de Luis Alberto Spinetta se forjaron con lecturas de Sábato y Cortazar, con reflexiones sobre Nietzche, con el encantamiento que le produjo la obra de Carlos Castaneda y con su particular cosmogonía. En una canción incluida en el nuevo álbum el flaco revela:


“Aunque el sol no te abrigue

no quiere decir que no tengas más frío.

Y si la luna se cubre

no quiere decir que no tengas su luz.

Cada día es la mañana desnuda

en tu corazón que no brilla.

Y si algún día se oculta

no quiere decir que no puedas volar.

Mientras el cielo brilla, amor, aquí yo esperaré.

Voy yo solo en la distancia, amor y por tí yo esperaré.”


Hay que escuchar a Luis Alberto; su obra irradia una profunda compenetración con el ser y el existir, con las dudas y las certezas de quienes andamos en este mundo, como dijera Arturo Meza, de día con las tinieblas a cuestas o de noche con la luz prendida.

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