miércoles, 9 de junio de 2010

LA COLUMNA DE ESTE SÁBADO


SONORA PARED
"SER TAN POCO EL AMOR..."



Apenas la semana pasada celebrábamos en esta columna que la escena del jazz en Oaxaca crece poco a poco, con pasitos lentos pero firmes, construida sobre todo por los músicos que se aferran en su necedad y con el apoyo de algunos empresarios que deciden abrir las puertas de sus bares a esta música. Sin embargo, hoy nos toca lamentarnos por la noticia de que uno de estos heroicos sitios ha cerrado sus puertas, sucumbiendo finalmente a una combinación de factores que terminaron por ahorcar el esfuerzo de un empresario honesto y enamorado del jazz… Ahora les cuento.


Eduardo Evans es un arquitecto que llegó a la ciudad cruzando el siglo, con la mochila a cuestas y acaso la idea de cambiar su vida, después de tantos años de vivir en chilangolandia ejerciendo su profesión. Por aquellos años existía en Oaxaca un pequeño café regenteado por una pareja de italianos, Rocco y Mónica. “Café del Borgo” era el nombre del localito que se ubicaba en el andador turístico y que sobrevivía en medio del incipiente boom de los antros, que han convertido al centro histórico de nuestra ciudad en una inmensa cantinota de fin de semana.


Por una vuelta del destino la pareja de italianos se separó y decidieron vender su café. Eduardo entonces tomó el toro por los cuernos y llevó a la práctica su sueño de juventud: ser el patrón de un club de jazz. El local cambió de domicilio, instalándose en la calle de Murguía, y poco a poco se fue haciendo de un público que se acercaba a tomar un trago y charlar, mientras por los parlantes el jazz que programaba Lalo inundaba la noche oaxaqueña. Cuando en el 2006 Oaxaca se sacudió con la revuelta social por todos conocida, el Borgo resistió marchas, bloqueos, barricadas e inseguridad. Por ahí pasaba a tomarse la cerveza el maestro en plantón, lo mismo que el artista gráfico, el reportero en busca de la nota, el empleado que desea unas horas de libertad antes de encerrarse en casa. El jazz seguía presente en los parlantes, ahora acompañando también la obra visual que esporádicamente exponían artistas locales y avecindados. Eduardo se compró una moto y decidió que el Borgo sería una casa para el jazz.


Fue en el año 2008 cuando, animado por el guitarrista Julio García y otros jazzeros, Eduardo decide comenzar a programar jazz en vivo. Las sesiones de media semana tuvieron tanto éxito que el minúsculo lugar siempre lucía abarrotado. A veces, para escuchar a la banda, algunos parroquianos tenían que pararse en la banqueta. Dentro, el calor y los cuerpos provocaban sudores que se apaciguaban con generosas dosis de espirituosos. Los músicos, apretujados en un rinconcito entre el baño y la puerta, improvisaban con enjundia, quizás agradecidos por tocar finalmente en un lugar dedicado exclusivamente a su música.


Vinieron otros años y con ellos sus afanes. El café del Borgo se mudó de edificio, buscando una mayor comodidad para músicos y parroquianos. Eduardo invirtió en la remodelación y acondicionamiento de la vieja casona.


Todo marchaba más o menos bien. Pero lo que no logró el movimiento social del 2006, ni la crisis económica ni el pánico por la influenza lo consiguieron las erráticas decisiones de los gobiernos estatal y municipal. Un día, sin consultar a los vecinos, sin planes de contingencia y con la prepotencia acostumbrada, las cuadrillas comenzaron a levantar el pavimento. El caos fue total: calles cerradas por meses; el tráfico completamente desquiciado; la contaminación auditiva y del ambiente alcanzando picos nunca antes experimentados en la ciudad. Para mala fortuna del Borgo, su calle fue destripada justo en la temporada de vacaciones de Semana Santa, cuando los turistas llegan a Oaxaca buscando diversión sin incomodidades. Pero, ¿cómo salir a divertirse cuando ni siquiera se puede caminar porque no hay banqueta, los montones de tierra estorban el paso y hay varillas asomando sus puntas por todo el suelo?



Eduardo esperaba recuperarse de la crisis del 2009 justo en esa temporada, pero al estar su calle en tan mal estado, sin posibilidad de estacionamiento ni tránsito alguno, la gente simplemente dejó de ir. Las deudas se acumularon y llegó el momento en que mantener el café del barrio, la casa del jazz, ya no fue posible. Las erráticas decisiones tomadas por la municipalidad no solamente provocaron el cierre de una pequeña empresa, también dejaron sin trabajo a 18 personas. El pasado sábado 29 de mayo los músicos habituales al Borgo se juntaron para hacer Jam Session por última vez.


Eduardo Evans dice que el cierre del Borgo es temporal; que esperará a sanear sus finanzas para hacer una segunda intentona. Lo deseamos de todo corazón pues, siendo tan pocos los sitios en Oaxaca para escuchar jazz, el cierre de uno de los más emblemáticos resulta ser una muy mala noticia. Como decía mi abuelita con su corrosivo sarcasmo: “ser tan poco el amor y desperdiciarlo en celos”


Un abrazo para Lalo y su banda del café del barrio; estaremos esperado que regresen muy pronto.




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