Hay discos que resultan fundamentales para la historia personal y este que hoy presentamos es uno de ellos.
Lo descubrí a los 21 años, animado por la excelente reseña que le dedicaron en la extinta revista española Cuadernos de Jazz que yo coleccionaba en los años noventa del pasado siglo. Tuve la suerte de encontrarme el cd en un MixUp de la Ciudad de México pero tuve que esperar hasta volver a mi ciudad natal, Oaxaca, para escucharlo.
Una vez que sonó en el lector laser el disco reveló un tesoro que me caló hondo y que ya me venía seduciendo desde la portada, esa maravillosa acuarela que plasma una visión moderna del puente de Chelsea en New York.
El resto de la historia lo cuento en el programa de hoy, así que no se lo pierdan.
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